Capitulo I: “Adiós”

Desperté con el sol en alto, los rayos de luz parecían querer derretirme. Me removí incómoda; después de unos minutos abrí los ojos, primero uno y luego el otro.

Me levanté con una sensación extraña, caminé hasta la ventana y observé  la calle. Todo parecía estar en orden, incluso el clima era bueno.

Arrastrando los pies me dirigí al baño. Tomé el cepillo y la pasta para lavarme la boca. Ignoré mi reflejo. Estaba segura que para que la maraña oscura que tenía en mi cabeza pareciera cabello, mínimo tendría que enjuagarlo.

Siempre me había gustado mi cabello, de hecho lo amo. Por su negro brillante, por las delicadas curvas que se formaban por su larga extensión cuando estaba peinado. Y ese era el problema,  tengo que utilizar cientos de productos para lograr ese resultado.

Mi madre me ha dicho que debo estarlo acomodando a cada momento para que se acostumbre y que tengo que recurrir a masajes capilares para que este sano.

Claro, como ella tiene el pelo lacio y corto no tiene problemas. En cambio yo heredé el despreocupado y rebelde cabello rizado de mi padre.

Comencé a tararear una canción de un grupo Coreano mientras ponía mi champú favorito en una mano para después darme un agradable masaje en la cabeza. De un tiempo para acá la influencia asiática hace mella en mí.

Abrí la llave de la regadera para enjuagarme y repetí la operación anterior, me encanta el olor a coco. Utilicé el jabón líquido y la esponja amarilla que estaba en la esquina y con ellas terminé de bañarme.

Jalé la toalla y me sequé. Luego me puse una bata verde, si estuviera un poco más redondita parecería manzana.

Encendí la radio, mientras me preparaba para arreglarme, sonaba una canción que me hizo bailar. Acomodé todo lo necesario en el tocador, acerqué un banquito y me senté.

Primero había que ponerme una ampolleta de vitaminas para evitar la resequedad, después el gel suave anti-frizz. Luego la espuma para moldear rizos. Finalmente un espray que mantendría mi cabello decente todo el día.

Leí la nota que me había dejado Chris en el espejo. Detallaba el uso correcto de cada uno de los productos, así como el orden en que debían ir. Sonreí al leer la última parte.

“Si no quieres parecer un arbusto de cabello negro con piernas como en la secundaria tienes que ponerte TODO. Te verás hermosa te lo aseguro.

Te quiere Chris.

Me maquillé un poco, de manera natural. No sabía que ponerme, por lo general no me preocupaba por eso. La mayoría del tiempo visto lo primero que encuentro en el armario, tengo cosas lindas en él y uno que otro conjunto de moda gracias a mi mejor amiga.

Pensé en verme en el espejo, por si acaso. Mi novio había amenazado con venir de visita y aseguró que como era domingo me encontraría en pijama. Le demostraría que estaba equivocado.

Revisé mi atuendo que consistía en un pantaloncillo corto de mezquilla y un blusón blanco con pequeñísimas flores azules distribuidas en la tela. Calzaba un par de pantunflas con forma de conejo.

Mis amigos se burlan porque a mis 26 años hago este tipo de cosas. Por lo que siempre les respondo que tengo un alma joven a la que le parecen más cómodas las pantunflas, que los zapatos para andar por su casa.

Con mi 1.60 de altura y mi cuerpo de proporciones necesarias, es decir, no tengo ni mucho ni poco. Me considero normal.

Apagué la radio del despertador. Bajé rápidamente a la cocina. El haber acomodado un par de cajas para mi próximo viaje, la noche anterior me dejó un gran apetito, que pensaba saciar en los próximos minutos.

Sintonicé una estación de clásicos en el viejo aparato de sonido que estaba en la sala. Por nada del mundo me perdería el especial de Elvis Presley por su aniversario luctuoso.

Se me antojó preparar huevos con un poco de tocino frito, eso sí que era raro. Odio el tocino pero como pensaba sorprender a mi chico, tendría que soportar su horrible olor.

Busqué mi sartén favorita, a pesar de que no cocino mucho, tenía un “no sé qué” que la hacía especial. Encendí la estufa, coloqué la sartén y vertí el aceite.

Justó cuando quebré un par de huevos sonó el timbre, así que los dejé sobre un plato. Le había dado las llaves del apartamento y jamás las usó, ni siquiera una vez.

Suspiré, tenía dos semanas sin verlo así que no podría enojarme con él. Corrí a la puerta y contuve las ganas de abrazarlo.

Andrew se encontraba frente a mí, me dio un fugaz beso y entró. Quedé paralizada por un breve instante, algo andaba mal.

Lo contemplé de espaldas, su cabello marrón había crecido un poco más y vi indicios de barba en su rostro. Su etapa de rebeldía, como el mismo solía llamarla, ¿había pasado ya?

Todavía seguía causando estragos en mí su estatura. Su 1.80 fue lo primero que note al verlo cuando nos conocimos y luego su sonrisa de autosuficiencia. Podía ser tan arrogante si se lo proponía.

Cerré la puerta, estaba sentado en el comedor, justo enfrente de la cocina. Cuando habló.

─ ¿Por qué traes una espátula en la mano? ¿Estás cocinando? ─ Preguntó incrédulo.

Asentí y sonreí. Me devolvió una sonrisa ¿forzada? ¡Rayos! Desde que recuerdo, solo sonreía si algo le agradaba…

─ Además daré un recital solo para ti, considérate afortunado ─ Bromeé ─ ¿No ves que también es un micrófono?

Rodeé la barra de la cocina. Me lavé las manos otra vez, en ese momento comenzó una de las canciones que me encantaba. Así que comencé a cantar.

─ Only you. Can do make all this world seem right. Only you. Can do make the darkness bright. 

─ Only you, and you alone, can feel me like you do fill my heart with love for only you…

─ Sarah ven, tengo algo que decirte. ─ Me interrumpió.

Su voz sonaba fría, como si estuviera debatiéndose entre decirme o no. Me detuve en seco y dirigí la mirada hacía él.

─ Ven y siéntate aquí ─ palmeó el cojín de la silla que estaba a su lado─

Esto es peor de lo que pensé, cada que alguien va a darme noticias desagradables me pide que me siente. Eso me pone ansiosa. ¿Qué habrá pasado? ¿Alguien falleció? ¿Se mudará de  nuevo?

─ Dime, ¿Qué sucede? ─ Saqué la tabla de picar de un cajón y un cuchillo. Empecé a picar unos tomates que estaban cerca para calmarme.

─ No quiero que te pongas mal, anda, ven y siéntate. ─Repitió ─

Continúe con mi labor ─ ¿Qué puede ser tan malo? Vamos, dímelo.

Se levantó y se acercó lo más que pudo.

─Nosotros ─ Hizo una pequeña pausa ─ Creo que debemos terminar.

Hice puré los tomates. Se formó el silencio. Giré sobre mis talones para servirme café recién hecho. Al ver de nuevo a Andrew mi cerebro hizo “clic”.

¿Acaso dijo terminar? Claro, siempre tenía demasiado tacto al decir cosas importantes. Mis manos se volvieron de gelatina y la taza cayó estrepitosamente, rompiéndose en mil pedazos. El café mojó mis pies.

─ ¡Demonios! ¡Está caliente! ─ Di un salto saliendo de la cocina.

─ ¿Estas bien?

Me tomó en brazos y me llevó al sillón más cercano. Se arrodilló frente a mí y tocó mi rostro.

─ ¿Estas bien?

─ Repite lo que dijiste ─ Inquirí.

─ Debemos darnos un tiempo ─ Dijo nervioso mientras retrocedía temiendo mi reacción.

Lancé lejos las pantunflas mojadas. Ambos nos levantamos al mismo tiempo.

─ ¡No! ─ Lo empujé furiosa.

─ Solo unas semanas, tal vez unos días ─ reconsideró.

─ ¿Por qué? ─ Sentí mi voz pastosa.

─ Porqué ─ Dudó ─ No estoy seguro de lo que siento por ti ─ Dijo al fin.

─ ¿Qué? Hemos estado juntos 4 años ¿Y no sabes que sientes por mí? ─ Grité.

Corrí a abrir el ventanal que daba al patio trasero del edificio, necesitaba aire urgentemente, estaba sofocándome.

Esto parece una pesadilla, pero ¿y si no lo es? ¿Qué hago ahora? Yo… No quiero terminar… Miles de sensaciones se paseaban por mi mente. Estaba desconcertada. ¿Por qué? Era la pregunta repetía silenciosamente una y otra vez.

Hice un repaso rápido de todo lo que había sucedido entre nosotros. Nada. No se me ocurría que era lo que había pasado. Necesitaba entender con urgencia.

Me apoyé en la pared. Andrew no paraba de hablar, pero yo no lo escuchaba y eso me confundía aún más. Hasta que capté una frase.

─ Yo no quería engañarte…

Volví a sentir ira, apretaba los puños fuertemente ─ ¿Me engañaste Andrew? ¡Te dije que eso era lo único que no podría soportar! ─ Todo se estaba saliendo de control. Por dios ¿Cuál control? ¿El suyo?

─ ¡No! No lo hice, por eso vine. Sabes que me importas demasiado como para mentirte… ─ Lo sabía, pero realmente no quería saberlo.

Parecía que en cualquier momento comenzaría a llorar, pero ese no era el modo de conseguir las respuestas que esperaba.

─ La conocí hace un mes, en el estudio. Es modelo y…

─ ¡Cállate! ¡No quiero saberlo! ─ Estaba al borde de la histeria, tenía que calmarme antes de hacer alguna estupidez, la situación era tan absurda y me estaba pasando a mí.

Estaba hecho, respiré profundamente. Ahora debía aceptarlo, aunque era tentadora la idea de creer que era un sueño. Si no quería estar conmigo no iba a obligarlo.  Sus ojos grises brillaban acuosamente, acarició mi mejilla después de que me deslicé al suelo.

Todo era un torbellino a mi alrededor. Era como si viera todo desde afuera y a la vez por dentro. Si se había tomado la molestia de explicarme las cosas sería por algo ¿no?

─ Sarah mírame, esto no es fácil tampoco para mí. Te quiero tanto pero…

─ No me amas ─ terminé la frase. ─ Ahora cumple lo que prometiste…

─ No, no puedo…

─ ¡Hazlo! ¡Por favor!

─ Eres la persona que más me importa en este mundo y te adoro. Junto a ti he pasado los mejores años de mi vida… ─ Podía ver que estaba siendo demasiado sincero, por fin estaba abriéndose completamente.

─ ¿Entonces? ─ pregunté más calmada.

─ No te mereces que yo te engañe, eres la única persona de la que recuerdo un cariño sincero. Pensé que estaríamos siempre juntos. Esperaba pedirte matrimonio en diciembre. Lo planeé por meses, hasta que…

─ Hasta que la conociste ─ afirmé, era ya una costumbre terminar lo que iniciaba el otro.

─ No te mereces esto ─ repitió ─ Estoy dejando al amor de mi vida, por alguien que no me promete nada… ¡Soy …

─ Un idiota. Espera, ¿soy el amor de tu vida?

La atmósfera estaba cambiando, pero que forma tan rara de terminar era esta. Él siempre lograba darme paz en el momento exacto, y ahora lo hacía de nuevo.

─ Nunca te lo dije ¿cierto?

─ Negué y atiné a abrazarlo a lo cual me correspondió ─ Me duele Andrew y mucho. ─ Las lágrimas salían a empujones de mis ojos.

─ Lo sé pequeña, ─ besó mi cabello ─ pero sobrevivirás. Eres fuerte, mucho más que yo.  Supongo que al final yo terminaré extrañándote.

Estuvimos así varios minutos, siempre me había animado a continuar en los momentos difíciles. Era muy extraño que lo hiciera ahora, justo cuando todo terminaba. Si alguna vez pensé que esto llegaría a suceder jamás se me ocurrió que fuera de esta manera.

Nos levantamos tomados de las manos, vio las cajas apiladas junto al comedor. Asentí a la pregunta no formulada.

─ Estuve nervioso de camino para acá, porque no sabía cómo ibas a tomar todo esto y al final, volviste a sorprenderme.

─ ¿Y qué esperabas? ¿Qué me arrodillara pidiéndote que no me dejarás? ¿O que amenazará con tirarme por la ventana si lo hacías?

Ambos reímos, de alguna manera volvía la confianza y a pesar de que técnicamente estaba dejándome, no podía arruinar el momento, tal vez sea egoísta, quizá no, pero no quería sufrir.

─ Pensé que ibas a golpearme o a romper algo.

─ ¿Así que eso quieres? ─ Corrí a la barra y tomé la taza más cercana, jugué con ella unos segundos y cuando estuvo desprevenido, le tiré con ella.

Esquivó mi proyectil ágilmente, ya debería de estar acostumbrado a menudo le lanzaba cosas, a veces rompía algunas.

─ Te tomaste muy apecho mi comentario.

Le dirigí una mirada de enfado hice una de mis tantas muecas de disgusto y me cruce de brazos.

─ Ok, tienes razón. Me lo merezco. ¿No vas a matarme o sí?

Reí con una risa macabra y de repente saqué el cuchillo que había estado utilizando. Andrew se puso pálido.

─ No creerás que tienes una ex novia psicópata o ¿sí?

─ Entonces oficialmente terminamos…

Me mordí el labio, así era. Pero no quería pensar en ello, si lo hacía el mundo se me iba a venir encima.

─ Ha quedado un desastre en la cocina ─ dijo evitando continuar con el tema.

Me detuve frente a las escaleras, realmente no tenía que caminar mucho. El departamento era pequeño, con un paso estaba aquí y con otro allá.

─ Te toca limpiar ─ le anuncie ─ sabes, no me siento muy bien. Así que subiré a recostarme un rato.

─ Seguro, descansa. Nos vemos…

─ Supongo… ─ Respondí y subí a mi habitación.

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11 comentarios

Archivado bajo Ecuación de Amor

11 Respuestas a “Capitulo I: “Adiós”

  1. Hola hermosa, nos encantó tu historia se ve muy prometedora.
    Esperamos te pases por nuestro blog es: marie-another-world.blogspot.com si te gusta podríamos afiliar. Ya te seguimos Besitos. Avisanos :) <3

  2. Me gusto :3
    vas a seguir subiendo mas capitulos? xD
    kiero leer mas x3
    nos vemos!!

    • Esther Van Castle

      Genial! :D Claro Lily toda la historia la iré subiendo poco a poco :D Espero continúes leyéndola.

  3. Hola , hola!!!
    PUUFF! no sé ni por dónde empezar, por el principio no? xD
    Bueno, antes que nada, UN AGRADECIMIENTO SUPER ENORME por comentar en mi blog, ya te agradecí en el y en el directorio de blognovelas, pero no em canso de agradecerte :D
    AAAhh y no sabes, morí con eso de los grupos coreanos, también tengo una obsesión con ellos, son tan pegajosos!
    Amé el principio de tu historia pero ese Andrew…aaaagggh! me sacó de quicio, maldito, típico hombre aggg!! (respirando hondo)
    Sí que me hiciste hervir la sangre cuando la cortó xD
    Voy a estar pendiente y me suscribiré :D
    Un beso bien tronado ;*

  4. Esther Van Castle

    Ingrid!!! :D Bienvenida! No hay que agradecer, es culpa de Sebas ♥¬♥ (estoy en modo fan girl! hahaha) Lo sé, al fin alguien me entiende con eso :) Hahahaha nuuu, no odies a mi Andrew aún, espera un poco más tal vez al 5to o 6to cap. Un beso hermosa.

  5. Jajajaja ok ok si tu lo dices lo disculpo, pero no me hizo gracia su engaño xD aver con que me sale alrato :)

    • Esther Van Castle

      Creo al final más de una lo va a querer golpear u.u ni modo, es el papel que le tocó tener…

  6. :O Wow, genial la novela :3. Y genial la protagonista, a la cual creaste basada en mí wii :D xD. Ok no, pero pareciera :P.

  7. Pingback: Prólogo | Esther Van Castle y sus Historias Románticas

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