Capitulo II: Cambios

Desperté de mi ensoñación. Era verdad, Andrew se había marchado ya. Me senté en la cama y revolví mi cabello, realmente no importaba mi aspecto ahora.

Tomé el teléfono rojo, disque un número y esperé a que me respondieran. Me encantaban los teléfonos antiguos y este me lo había regalado mi padre cuando renté mi primer departamento.

─ Sí, Sarah. Ya que lo dije. A ambas nos contrataron.

Esa respuesta era resultado de las muchas llamadas que le hice a mi mejor amiga desde que me dijo que habíamos conseguido el empleo de nuestros sueños.

─ Terminamos Chris…

─ ¿Qué? ¿Quiénes? ─ se escuchó al otro lado, seguramente no entendía a qué me refería.

─ Andrew y yo ─ dije cansinamente.

─ ¿Pero cómo? No entiendo… ─ habló con su habitual timbre de preocupación─  ¿Dime que te hizo? ¿Estás bien?

─ Estoy y eso es lo que cuenta ¿no? ─ dije sin más.

─No digas eso, no te muevas voy para allá. ─ Y colgó.

Solté el teléfono y este quedó colgando de la mesita de noche. No necesitaba que nadie me incomodara, al menos en lo que quedaba del día. Me dejé caer de nuevo a la cama quedando recostada de lado, sin ganas de nada. Volteé a la ventana y el sol brillaba intensamente, ¿ahora el clima se burlaba de mí?

Estiré el brazo y jalé las cortinas blancas tan fuerte que casi logro romperlas. No estaba de humor eso era más que obvio. Dicen que después de la tormenta llega la calma, a mí, me pasó al revés.

El sopor se extendía por mi cuerpo, giré y quedé boca arriba mirando al techo que parecía lo más interesante del mundo. Luego escuche pasos cerca.

─ Sarah, ¿Estas bien? ─ Preguntó de nuevo mi mejor amiga.

─ ¿Cómo entraste? ─ Sé que no se debe responder con otra pregunta pero decidí ignorar su cuestionamiento, no sabía que responder; simplemente porque no tenía idea ni de cómo me sentía.

─ Toqué varias veces el timbre, pero como no bajaste tomé la llave que estaba debajo de la ranita de la entrada. ─Me mostró la llave que dejaba a la entrada en caso de emergencia, ya que solía perderla a menudo. ─ Y bien, ¿Qué paso?

─ Terminamos ─ dije en un susurro…

─ Eso ya lo sé, ¿Pero por qué?

El silencio se hizo presente en mi recamara. Chris se sentó junto a mí y acarició mi cabello, sin poder evitarlo sollocé. Puse mi cabeza en sus piernas mientras ella acariciaba mí cabello así le conté lo que había sucedido.

─ No entiendo ─ dijo.

─ Yo tampoco…

─ Se veían tan enamorados, no pensé que algo así fuera a pasar.

─ Tal vez no era cierto…

─ Pero dijo que quería casarse contigo.

─ Tú lo has dicho quería.

─ Y la modelo esa ¿Quién es?

─ No tengo idea ─ Me levanté torpemente y me dirigí al baño ─ Y tampoco me importa.

No era del todo una mentira, pero que caso tenía saber quién era,  eso no iba a hacer que Andrew regresara a mi lado. El solo pensar en ella, la culpable de mi rompimiento, hacía que me sintiera más frustrada. Abrí el grifo de la ducha y me senté dentro de la tina mojándome completamente, el agua estaba fría pero no me importó.

─ ¿Qué se supone que estás haciendo? ─ habló Chris en tono maternal poniendo sus brazos en jarra. ─ ¿Te quieres enfermar o qué?

─ Así es menos vergonzoso llorar…

─ ¡No puedo creer que digas eso! Ni que fuera la primera vez que te veo llorar.

─ No me estas ayudando ─ le respondí.

─ Sal de ahí ─ me extendió la toalla y mi pijama ─ y cámbiate por favor.

─ Sí mamá…

─ No querrás que llame a tu madre ¿verdad? ─ comentó maliciosamente desde mi cuarto.

─ ¡No! ─ me sequé rápidamente y me puse la ropa ─ Ella adora a Andrew estoy segura que preferiría que fuera su hijo…

Regresé a mi habitación y me dejé caer boca abajo en la cama. Ese parecía ser el sitio más acogedor de mi departamento.

─ ¿Porque no salimos a caminar un poco?

─ No quiero… déjame deprimirme un rato.

─ Vine para evitar eso ─ se quejó.

─ Lo sé, gracias. Pero déjame hacerlo al menos en lo que queda del día. ─ supliqué con la almohada en el rostro.

─ Está bien ─ accedió, se recostó sobre mí ─ Voy a venir mañana y no te voy a dejar en paz ¿entendiste?

─ Sí, me estas aplastando ─ fingí quedarme sin aire ─Estas muy pesada…

─ Eso quisieras ─ revolvió mi cabello y me abrazó ─ Me voy, cuídate. Te quiero osita.

─ Y yo a ti patita.

Esos eran nuestros apodos de cariño, obtenidos tras una obra desastrosa en la que actuamos en secundaria. Todo quedó en silencio. Cuando me di cuenta finalmente era de noche. Di vueltas en la cama, no podía dormir. Logré conciliar el sueño a las 6:00 am, aún tenía un par de horas antes de que llegara Chris.

Cumplió su promesa regresó al día siguiente, me levantó, escogió lo que iba a ponerme y me arreglo. Me sentía muñeca a merced de sus experimentos.

Esa semana paso en dos tiempos diferentes, cuando estaba con ella no dejaba que parara en ningún momento, recorrimos toda la ciudad. Las horas pasaban a prisa en cambio cuando volvía a mi casa parecía que le quitaban las baterías al reloj.

Sin duda se acercaba el momento de mudarnos, no tendría un nuevo comienzo; sino que abriría un nuevo capítulo en mi vida. Realmente no se puede empezar desde cero.

La mañana del jueves me levanté muy temprano, en unas horas volaríamos  a Nueva York, allá estaba la agencia de publicidad que nos había brindado la maravillosa oportunidad de trabajar justo al terminar la carrera. Gracias a una excelente tesis y un ejercicio práctico de creación de campañas de la mano del cliente. Era una fusión entre asesoramiento y trabajo en equipo con el cliente.

Faltaba que terminara de hacer las maletas, ya que cada que regresábamos de nuestras salidas “anti-depre” acomodábamos algo.

Mi casa parecía una bodega por tantas cajas que había regadas. Anoche quité las fotografías que estaban en el estudio, tantos recuerdos me hicieron llorar. Tenía que ser fuerte, ya no podía depender de él.

Iba a vivir en otro lado, tenía trabajo. Obviamente mejores cosas en que pensar. Terminé antes de lo planeado. Mi casa ahora se veía enorme y vacía. Recorrí el lugar por última vez, hasta que escuché la voz de mi mejor amiga.

Llevamos algunas cosas a casa de mi madre y esa pesada caja llena de recuerdos quedó en el fondo del ático, no la movería en mucho tiempo. Evité mencionar el asunto con Andrew, me despedí, y partimos rumbo al aeropuerto.

El vuelo duró dos horas, al llegar me di cuenta de que mi vida no volvería a ser tranquila, tendría que adaptarme a la agitada ciudad de Nueva York. Al parecer sería un buen cambio.

Los días fueron pasando y a su vez se convirtieron en semanas. Parecía que al parpadear todo hubiera pasado.

Iba y venía, no podía parar. Fácilmente dos meses y una increíble cantidad de trabajo me habían alejado del dolor. Conceptos, campañas, videos, artistas, música… Fantasy era una gran empresa de publicidad.

No sentía ni siquiera mi cuerpo, todo era seguir detalladamente una rigurosa agenda. No podía dejar escapar esta oportunidad de crecer profesionalmente, a pesar de que era una anestesia de tiempo completo.

Agradecía que me dejarán quedarme hasta altas horas de la noche en la agencia, aunque Chris decía que estaba dejando mis necesidades básicas de lado, si bien conservada un buen aspecto, seguía siendo vestida y alimentada por ella.

— ¡Ya basta! No puedes seguir así. Pareces una máquina zombi, podría haber entendido que estuvieras triste, pero esto ¡es demasiado!

Después del largo discurso que me dio mi amiga, al cual no presté atención, solo veía como hacía ademanes y gestos al caminar de un lado a otro. Lo que supe después fue que mi  jefe “amablemente” me dio un mes de vacaciones.

— ¡No! ¡Eso es demasiado!

—No tienes derecho a opinar, ¡te vas a descansar ya! — objetó mi amiga a la cual quería asesinar en ese momento. ¿Qué daño le hacía que estuviera distraída?

—Entiende Sarah, —comentó el jefe — es por tu bien. Eres de las mejores de la agencia, no te puedo perder.

Al ver que no iban a aceptarme tuve que ceder, en contra de mi voluntad. Estaba perdida.

—Bien, — dije enfadada— pero solo será una semana.

No pasaron ni cinco minutos cuando ya me habían sacado de la oficina, subido en un elevador y expulsado del lugar. Incluso me dieron una buena cantidad de dinero de mis comisiones, para que no me limitara.

—Están locos— bufé y subí a al automóvil.

Conduje hasta que me aburrí, si bien, Nueva York podía ser muy interesante, ahora no llamaba mi atención. Me dirigí a una cafetería, compré un capuchino  y regresé a casa.

Acomodé algunas de las cosas que todavía estaban en cajas desde la mudanza, moví los muebles para darle otro aspecto al departamento. Limpié el baño y dejé reluciente la cocina.

Cuando sentí hambre busque que comer, como no encontré nada que me agradara, opté por cocinar. Estaba tan concentrada en hacer algo que no note en realidad lo que estaba haciendo. El olor me hizo reaccionar.

— ¡Maldito tocino! — grité al mismo tiempo que lo arrojaba a algún lugar.

Ahora la cocina estaba hecha un desastre, el enojo y el nerviosismo me traían el mismo resultado; me volvía torpe. Respiré profundamente y mojé mi rostro. Me puse unos guantes y tomé una esponja para limpiar el desorden.

Eran las 3:00 pm cuando terminé, así que fui a ducharme.

—Las tres con diez —dije con resignación. ¿Todo iba a ser igual de lento? Estaba desesperándome.

Me dejé caer boca abajo en la cama y cerré los ojos.

Gracias a las fuerzas divinas era viernes, lo cual quería decir que el lunes regresaba a mi amada oficina. Esto se estaba volviendo enfermizo, pero era mucho mejor que estar inconsciente y repetir las acciones de “aquel día”.

Desperté tarde. Bajé a la cocina, fui directo a la nevera y saqué un bote de helado de vainilla, con un paquete de galletas de chocolate de estante superior.

Me dirigí a la sala y encendí la televisión. Al parecer ya estaba actuando como una deprimida “normal”. En eso Chris regresó de la oficina, lo cual me extrañó ya que apenas eran las cinco, usualmente regresábamos a las ocho.

Comencé a comer el delicioso postre, el refinado dulce y lo frío, me reconfortaban, el chocolate hacía su trabajo, así que me sentía “despierta”.

— ¿Qué crees que estás haciendo?— dijo con los brazos en jarra.

Le di una de esas miradas que dicen, ¿no es obvio?

— ¿Por qué estas vestida así? ¡Es viernes! —Antes solíamos salir cada fin de semana.

—Porque estoy en mi casa y de vacaciones —respondí, recalcando lo último y seguí comiendo.

— ¡Pero mírate! Traes esta bata rosada de Mickey y esos pantalones azules con miles de osos. ¡No te has arreglado! ¡Y esas pantunflas!

Eso ya no lo pude soportar, sabía que mis pantunflas son sagradas.

— ¡Christina! ¡Cállate!— dejé las cosas en la mesa, dispuesta a ir a mi habitación. Vivir con ella estaba fastidiándome.

— ¿A dónde vas? ¡Vamos a salir!

— ¡No! —grité. Subí dos escalones cuando…

—Tengo algo para ti y sé que te va a gustar —dijo en tono sugerente, podía ser muy payasa si quería — ¿Es que ya no quieres ver a Armand? —eso hizo que me detuviera.

— ¿Armand? —pregunté intrigada, pero aun dándole la espalda.

—Pero si no quieres, tendré que ir con alguien más. El chico del café dijo que…

— ¡Sí! ¡Sabes que sí! —salté y la abracé — ¡Veré a mi banda favorita!

—Y no solo eso —agregó —también puedes conocerlos, vamos a un show secreto con pases especiales. —Los cuales me mostró— Debes amarme después de esto.

— ¡Por supuesto! —Besé sus mejillas — ¿Qué esperas? ¡Tenemos que arreglarnos! —y la jalé escaleras arriba.

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15 comentarios

Archivado bajo Ecuación de Amor

15 Respuestas a “Capitulo II: Cambios

  1. La entiendo perfectamente,yo estaria asi tambien si pasara por lo mismo (de hecho,he pasado por cosas similares),otra cosa cierta es que cuando estamos asi no solemos prestar atencion a los que nos dicen,pero creo que es normal,son momentos donde solo nosotros podemos seguir adelante por nosotros mismos.
    Hasta ahora viene todo muy melancolico jajaj pero el final promete una continuacion mas alegre,al menos eso parece,tal ves no sea asi D:

    • Esther Van Castle

      Exactamente Pablín, solamente uno puede decidir seguir adelante porque por más que lo intenten otras personas a nuestro alrededor si no lo queremos pues no va a pasar. De hecho solo quise hacer un capitulo resumiendo la “depre de Sarah” y bueno, prepárate para lo que sigue, que el próximo cap. se pone bueno. Saludos!

  2. Que interesante este segundo capítulo me ha gustado mucho ya quiero saber que pasa, te quiero decir que me gusta mucho tu estilo para escribir es diferente y cautivadora

    • Esther Van Castle

      Hola Pao! Bienvenida a mi blog! :D Gracias, me siento alagada con tu comentario :) Espero continúes leyendo la novela. Un beso.

  3. Nooo porqué no hay máaasss xD
    Me muero por una amiga como Chris que me lleva a ver a MBLAQ (grupo coreano) jajaja
    Síguela por favor ya quiero saber lo que sigue!!

    • Esther Van Castle

      Hola Ingrid! Seguramente todas queremos una así, no desesperes el próximo capi seguro te encantará. Un beso linda.

  4. Cada capítulo me gusta más, jajaja, eres muy buena escribiendo, tienes un estilo muy peculiar y encantador.. Gracias por soltar al mundo ese talento, TKM..

  5. >.< hahaha noooooooooo otra vez me dejaste en suspenso jum…… XD

    • Esther Van Castle

      Hahahaha ese es el chiste, hacer que quieran leer el próximo capi. Ya falta menos para el tercero :)

  6. :D sabes que me gusta como escribes, tienes un estilo muy diferente haha siempre me haces llorar T.T … Me trae recuerdos jeje

    • Esther Van Castle

      O: he llegado a tu alma!!! *-* Creeme, los recuerdos son una excelente fuente de inspiración :)

  7. Este es el momento “AWWW YEAH” cuando empieza a salir el sol :F. Hermoso *-*

  8. Pingback: Capitulo I: “Adiós” | Esther Van Castle y sus Historias Románticas

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